Desde el corazón del Parque

 

Doña Eida Fletes es un mujer de 54 años de edad y oriunda de la zona del sur, específicamente de Carate.

Esta emprendedora se caracteriza por su contagiosa sonrisa y particular manera de ver la vida. Doña Eida nació en lo que ahora se conoce como el Parque Nacional de Corcovado, años después fueron desalojados del parque. Ella y su hermano Jairo son inseparables, aunque en total son 11 hermanos. Muy segura de sus sentimientos nos dice doña Eida que no puede imaginarse su vida sin estar en Osa, su vida entera ha trascendido ahí. Para ella todo lo que tiene, se lo debe a Dios y a la Península de Osa.

Su familia creció en Llorona, constantemente caminaban hacia rio Oro haciendo un recorrido aproximadamente de 80 kilómetros.

Narra doña Eida con un aire de nostalgia y su pícara sonrisa que en 1976, precisamente el 11 de abril los desalojaron del parque, los sacaron en una avioneta, y una vez desalojados salieron de Sierpe, sin embargo con la pretensión de volver, y es que en los 80 esta luchadora regreso a su sus raíces.

Nos cuenta con entusiasmo que en 1975 se hizo una escuela en Llorona. Honesta, de carácter fuerte y empecinado esta mujer se dispuso a cultivarse. Antes de la creación de la escuela no conocía ella lo que era ir a una escuela, en cambio Don Tomas les enseñaba poco a poco y a base de carbón realizo sus primeros trazos, así escribían. En medio de esto, sus padres optaron por darle más oportunidades y la mandaron a la casa de unos parientes para que asistiera a la escuela central de Golfito, y en cuestión de un mes había pasado de primero a cuarto grado, muy pronto volvió a la zona y paso directo a quinto grado en la escuela de Llorona.

En su detallado y profundo relato cuenta que aprendió a hacer pan, y que fueron niños descalzos, sin embargo para ella la pobreza es un estado mental del que uno se puede despojar si logra poner su mirada en sus objetivos de superación. “A puro monte lo curaban a uno” dice entre sonrisa y sonrisa. Con manteca de danta y manteca de mono y “culos de coloncho” se curaban si o si de sus diferentes afecciones. En una sencilla lancha sacaban a vender los chanchos a Puntarenas, las embarcaciones iban de Puerto Rocha a Puntarenas, mostrando que el comercio y la sed de emprender corren por sus venas de forma natural.

Antes, la zona era un pequeño pueblo de aproximadamente unas dos mil personas. Era mucho más habitual encontrarse de frente un jaguar, aunque ahora se ven un poco menos ya que cuando la población de pumas se incrementa, la población de jaguares baja.

Para 1994 sus sueños empezaron a hacerse uno a uno realidad. En este año el Inbio solicito la participación de interesados en un curso, nos cuenta doña Eida que de 266 participantes eligieron 14 personas y una era ella.

Según esta alma aventurera, la soledad en Sirena tiene sus particularidades, trabajando en el parque se mantenía 22 días adentro del parque y 8 días con su familia, convirtiendo así a sus compañeros de trabajo en otra familia.

En algún otro momento soñó con subir el Chirripó, y tres meses después estaba ahí, viviendo su otro sueño. Más adelante su anhelo fue ir a la Isla del Coco, en el 2005 cumplió su sueño. Esta mujer de armas tomar no se dispone a renunciar a ninguna de sus metas.

“Todo se trata de un balance y es una lucha diaria. Esto nos muestra las dificultades de enfrentar una sociedad patriarcal sumamente machista. Madres muy jóvenes pero emprendedoras, yo a los 15 años ya era madre” nos dice con aquel semblante de complicidad y regocijo.

A lo largo del camino, por esas cosas que depara la vida encontró una yunta, y es que Yorleni Fletes Fletes, su cuñada es tan abnegada al trabajo como ella. Yorleni, si bien tiene un apellido en común con doña Eida viene de una familia distinta, pues es proveniente de la zona del Caribe, de Guápiles precisamente, y su familia se ha dedicado siempre al banano y a la piña.

Ambas trabajan duro la tierra.

Con la producción de palmito y sus ganancias, ellas idearon la forma de hacer un rancho. Sin más ayuda que sus brazos fuertes y una voluntad inquebrantable, poco a poco fueron trayendo el cemento para hacer su rancho

No conocen la pereza, siembran malanga y cúrcuma entre otras cosas al mismo tiempo que luchan día a día con los insectos en especial las zompopas que amenazan constantemente sus productos.

Según cuentan no tienen los medios para contratar peones, así que ellas mismas hacen todas sus labores.

Cuñadas, amigas, aliadas, y cómplices, con un temple muy distinto pero una excelente dupla en cuanto a resultados se trata, con machete en mano son más que capaces de sacar adelante sus labores diarias.

Su próximo proyecto a corto plazo es sembrar vainica. La tierra es muy fértil y se presta para mucho, por eso la siembra de espinaca se enlista en los pendientes. Desean vender las lechugas ya preparadas, para reducir la contaminación. Dentro de las bellezas que las acompañan y todas esas ideas que revolotean por sus cabezas, el los arboles de anida un oso perezoso quien parece estar tan a gusto como nosotros escuchando y aprendiendo de estas anécdotas.

Armadas con sus botas y sus pantalones se meten a limpiar el terreno, para sus siguientes siembras

Sus otras gestiones son el tour del palmito, tour del insectos y guías en el Parque Nacional.

Para recibir a los visitantes, con madera de nazareno y lija elaboran las mesas para sus clientes, después de laquearlas estas quedaran como nuevas en octubre, a la espera de sus nuevos clientes provenientes de los cruceros de National Geographic que entran una vez a la semana a Puerto Jiménez, generándoles dos tours diarios.

En colaboración con Coopetour participan activamente del turismo rural y con eso se prepararon para el tour de insectos nocturno, sacando provecho de que doña Eida es parataxóloga y trabajó adquiriendo su experiencia a lo largo de 11 años con el Inbio. Los tours son educativos, bajo el entendido de que los insectos son vitales en el ecosistema

Jengibre, cúrcuma, zacate limón, orégano son algunos de los productos que adicionalmente ellas trabajan. En sus derroteros esta mejorar la oferta a través de su jardín de hierbas aromáticas para que cada turista elija su hierbas según su preferencia, cortadas por ellos mismos para preparar sus infusiones.

Este duo no solo es cuidadoso en economizar y no contaminar, utilizan platos de madera cubiertos con hojas de plátano, así economizan agua y jabón.

Su compromiso es con el planeta.

En relación del Tour, los turistas no solo son conquistados con las bellezas naturales de la zona, sino que conquista sus estómagos con sus deliciosos picadillos de palmito, ensalada de palmito, ceviche de palmito acompañados con deliciosos patacones y refrescos naturales. Complementan el refrescante y único ponche de palmito, el palmito asado y los tamales de palmito. Los cruceros de antemano piden que se les tengan preparadas empanadas de palmito. El menú es variado, y único pues fue inventado por ellas dos.

Ellas desean retrasmitir los sentimientos de los nativos del lugar, y con sus anécdotas y peculiar forma de ver la vida no cabe duda de que objetiva queda más que satisfecho cada vez que algún turista nacional o extranjero se cruza en su camino. Gracias Doña Eida y Yorleni, por compartirnos tan bella y única historia.

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